“Uribistas o no uribistas, los colombianos estamos mamados de las farc”, expresiones como estas fueron las entonadas en pro de la marcha el pasado 4 de Febrero, por el ex comisionado de paz Camilo Gómez, quien afirma que independientemente de la posición que cada uno de los ciudadanos pudiera asumir, de acuerdo o no, es una realidad el estar cansados de tanta maldad y atentados infrahumanos por parte de estos terroristas.
Personalmente considero que la posición que se debe tomar frente a este tipo de sucesos es estrictamente imparcial, debido a que, como en múltiples situaciones el acuerdo no es total, ya que todos tenemos diferentes puntos de vista. Para muchos, la marcha era una forma de expresar solidaridad e inconformismo frente a la situación, uniéndose a otros para hacer un llamado directo a la paz, justicia y dignidad de aquellos privados de la libertad, independientemente de las cabecillas y grupos lideres (estado), pues el objetivo era uno claramente resaltado; por otro lado nos encontramos con aquellos que no se hicieron participes de este gran evento, pues fueron varias los desacuerdos que aquejaban a estos opositores, debido a que consideraban que era un movimiento que reclamaba acciones de guerra, además discurrían en que éste llamado a la unidad seria punto de partida para la próxima reelección de Uribe y motivos de manipulación por parte del estado hacia la población, e incluso cuestionaban la moción de la marcha, puesto que no estaban de acuerdo que se hiciera en contra de las farc y no de los otros grupos armados que también se les puede atribuir el calificativo de terroristas.
Desde las dos perspectivas se puede resaltar la veracidad de justificaciones, puesto que aquellos que fueron participes de la marcha, consideraban que ésta la manera de expresar su desconcierto frente a la situación, a pesar de esto, ciertamente la marcha debió haber tenido un contexto mas global de la circunstancias, ya que no solo las farc han sido protagonistas del escenario de dolor, violencia y sufrimiento de muchos. Aun así, habría sido pertinente por parte de los que no están de acuerdo con la moción, reevaluar la posición radical de oposición, debido a que, era la oportunidad perfecta para expresar aquellos sentimientos de rabia y dolor por la amargura ocasionada, dejando a un lado los prejuicios sobre la intervención política dentro de éste evento.
Desde las dos perspectivas se puede resaltar la veracidad de justificaciones, puesto que aquellos que fueron participes de la marcha, consideraban que ésta la manera de expresar su desconcierto frente a la situación, a pesar de esto, ciertamente la marcha debió haber tenido un contexto mas global de la circunstancias, ya que no solo las farc han sido protagonistas del escenario de dolor, violencia y sufrimiento de muchos. Aun así, habría sido pertinente por parte de los que no están de acuerdo con la moción, reevaluar la posición radical de oposición, debido a que, era la oportunidad perfecta para expresar aquellos sentimientos de rabia y dolor por la amargura ocasionada, dejando a un lado los prejuicios sobre la intervención política dentro de éste evento.
En conclusión la marcha del 4 de Febrero se convierte en un escenario donde las diversas opiniones y los prejuicios son factores importantes para calificar el evento como un espacio de expresión por el inconformismo de unos o simplemente manipulación y controversia de otros.
